Pocas cosas se sienten mejor que una ducha de la tarde, el agua caliente que quita el cansancio, la espuma que se mezcla con el pelo del pecho, la mano que se desliza por todo el cuerpo... todo muy excitante. ¿Y qué es mejor que una ducha caliente seguida de una paja caliente? El musculoso y peludo cuerpo de Tom está ahora seco y está de vuelta en su cama. Se acuesta y sigue donde lo dejó en la ducha. Su mano recorre su pecho, tirando del pelo que lo cubre, su polla rígida en la otra. Juega con todo su cuerpo, perdido en su propio tacto, apretando su palpitante polla con ambas manos. El impulso lo domina y se sienta a horcajadas en la almohada, imaginando que hay un hombre debajo de él, listo y ansioso, esperándole para entregar su dulce carga. Trabaja su eje, perdido en el placer, hasta que no puede aguantar más y se desploma de nuevo en la cama, totalmente exhausto y satisfecho.