Es un mal momento para este joven gay alemán. Le acaban de dejar y no tiene dónde acudir. Así que se encuentra en medio de la calle, buscando algo con lo que entretenerse. Es entonces cuando le aborda un hombre guapísimo de unos treinta años. Se ofrece a calentarlo dándole su polla para que se la bombee. Están al aire libre, así que es un plan de exhibición, pero no importa: en estado de euforia, el pequeño berlinés está dispuesto a despejarse. Y en cuanto la soberbia polla empieza a ponerse dura en su boca, se olvida de todo. Chupar pollas, no pensar en otra cosa que en vaciar los cojones de un macho: ¡eso es exactamente lo que necesita para levantar el ánimo! ERIK FINNEGAN